La Coctelera

Categoría: Lee el libro

LA ESPUMA DE LOS DIAS

4 mar 07


El ratón gris de los bigotes negros hizo un último esfuerzo y consiguió pasar. Detrás de él, el techo se juntó con el suelo y surgieron largos gusanos que se retorcían lentamente por los intersticios de la sutura.
El ratoncillo saltó a toda prisa a través del pasillo oscuro de la
entrada cuyas paredes se aproximaban temblando una y otra, y logró salir por debajo de la puerta. LLegó a la escalera y la bajó; ya en la acera, se detuvo. Titubeó un instante, se orientó y se puso en camino en dirección al cementerio.
En realidad- dijo el gato-, el asunto no me interesa demasiado.
Te equivocas- dijo el ratón-. Todavía soy joven y, hasta el último momento, he estado bien alimentado.
Pero yo también estoy bien alimentado- dijo el gato-, y no tengo ningunas ganas de suicidarme; esa es la razón por la que todo esto me parece anormal.
-Es que tú no le has visto- dijo el ratón.
-¿Qué hace?- preguntó el gato.
-No tenía demasiadas ganas de saberlo. Hacía calor y todos sus pelos estaban bien esponjosos.
-Se queda en la orilla del agua- dijo el ratón-, espera y, cuando es la hora, echa a andar por la plancha y se para en el medio. Ve algo.
-No puede ver gran cosa- dijo el gato-. Un nenúfar, tal vez.
-Sí- dijo el ratón-, espera a que suba para matarlo.
-Eso es una idiotez- dijo el gato-. No tiene ningún interés.
-Cuando ha pasado la hora- continuó el ratón- vuelve a la orilla y mira la foto.
-¿No come nunca?- preguntó el gato.
-No- respondió el ratón-. Se está quedando muy débil y yo no puedo soportarlo. Un día cualquiera, va a dar un traspiés en esa plancha grande...
-¿Y a ti qué te importa?- preguntó el gato-. ¿Qué pasa?, ¿es desgraciado?.
-No es desgraciado- dijo el ratón-, sino que tiene una pena muy grande. Y eso es lo que no puedo soportar. Además, se va a caer al agua, se asoma demasiado.
-Bueno- dijo el gato-, siendo así, estoy dispuesto a hacerte ese favor, aunque no sé por qué digo cuando no comprendo nada en absoluto.
-Eres muy bueno- dijo el ratón.
-Mete la cabeza en mi boca- dijo el gato- y espera.
-¿Habré de esperar mucho?- preguntó el ratón.
-El tiempo que tarde alguien en pisarme la cola- dijo el gato-; me hace falta un reflejo rápido. Pero ya la dejaré extendida, no tengas miedo.
El ratón separó las mandíbulas del gato y metió del todo la cabeza entre los agudos dientes. La retiró casi inmediatamente.
-Dime, ¿has comido tiburón esta mañana?- dijo el ratón.
-Escucha- dijo el gato-, si no te gusta esto, te puedes largar. A mi, este asunto me carga. Te las tendrás que arreglar tú solo.
Parecía enojado.
-No te enfades- dijo el ratón.
Cerró sus ojillos negros y volvió a colocar la cabeza. El gato dejó caer con precaución sus aninos acerados sobre el cuello suave y gris. Los bigotes negros del ratón se confundían con los suyos. Desenroscó su espeso rabo y lo dejó arrastrar por la acera.
LLegaban, cantando, once niñas ciegas del orfelinato de Julio el Apostólico.
Memphis, 8 de marzo de 1946. Davenport, 10 de marzo de 1946.
(La espuma de los días, L'écume des jours,
Boris Vian , Traducción de Luis Sastre Cid, Alianza Editorial, 2003)
Imágen de
Sonia Villegas .

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ASNOGRAFÍA

27 feb 07

Leo en un Diccionario: ASNOGRAFÍA, s.f.: Se dice,
irónicamente, por descripción del asno.
¡Pobre asno! ¡Tan bueno, tan noble, tan agudo como eres!
Irónicamente... ¿Por qué? ¿Ni una descripción seria mereces, tú,
cuya descripción cierta sería un cuento de primavera? ¡Si al
hombre que es bueno debieran decirle asno! ¡Si al asno que es
malo debieran decirle hombre! Irónicamente... De ti, tan
intelectual, amigo del viejo y del niño, del arroyo y de la mariposa,
del sol y del perro, de la flor y de la luna, paciente y reflexivo,
melancólico y amable, Marco Aurelio de los prados...
Platero, que sin duda comprende, me mira fijamente con sus
ojazos lucientes, de una blanda dureza, en los que el sol brilla,
pequeñito y chispeante en un breve y convexo firmamento
verdinegro. ¡Ay! ¡Si su peluda cabezota idílica supiera que yo le
hago justicia, que yo soy mejor que esos hombres que escriben
Diccionarios, casi tan bueno como él!
Y he puesto al margen del libro: ASNOGRAFÍA, sentido
figurado: Se debe decir, con ironía, ¡claro está!, por descripción
del hombre imbécil que escribe Diccionarios.

Platero y yo .de Juan Ramón Jiménez . En la imágen otro asno famosísimo...

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Muerte de Ivan Illich.

5 mar 06


(Retrato de Leon Tolstoi pintado por Nikola Gogol)

"Yo no podía ya ni siquiera sentir el deseo de conocer la verdad, porque la adivinaba. Y la verdad era ésta: la vida no tiene sentido. He vivido, he llegado hasta el borde del abismo y de pronto me he dado cuenta de que , al otro lado sólo está la destrucción..."
Muerte de Ivan Illich, de León Tolstoi.
Algunos de sus cuentos. sin comentarios

Beatriz y Mario.

8 ago 05

Era el tiempo de la cosecha, el amor había madurado espeso y duro en su esqueleto, las palabras volvían a sus raíces. Este momento, se dijo, éste, este momento, este este este este este momento, este este este momento, éste. Cerró los ojos cuando ella retiraba el huevo con su boca.
A oscuras la cubrió por la espalda mientras en su mente una explosión de peces destellantes brotaban en un océano calmo. Una luna inconmensurable lo bañaba, y tuvo la certeza de comprender, con su saliva sobre esa nuca, lo que era el infinito. Llegó al otro flanco de su amada, y una vez más prendió el huevo entre los dientes.
Y ahora, como si ambos estuvieran danzando al compás de una música secreta, ella entreabrió el escote de su blusa y Mario hizo resbalar el huevo entre sus tetas. Beatriz desprendió su cinturón, levantó la asfixiante prenda, y el huevo fue a reventar al suelo, cuando la chica tiró de la blusa sobre su cabeza y expuso el dorso dorado por la lámpara de petróleo. Mario le bajó la trabajosa minifalda y cuando la fragante vegetación de su chucha halagó su acechante nariz, no tuvo otra inspiración que untarla con la punta de su lengua. En ese preciso instante, Beatriz emitió un grito nutrido de jadeo, de sollozo, de derroche, de garganta, de música, de fiebre, que se prolongó unos segundos, en que su cuerpo entero tembló hasta desvanecerse. Se dejó resbalar hasta la madera del piso, y después de colocarle un sigiloso dedo sobre el labio que la había lamido, lo trajo húmedo hasta la rústica tela del pantalón del muchacho, y palpando el grosor de su pico, le dijo con voz ronca:
-¡Me hiciste acabar, tonto!
(El cartero de Neruda, Antonio Skármeta)

sin comentarios

La espuma de los dias.

26 may 05


El ratón gris de los bigotes negros hizo un último esfuerzo y consiguió pasar. Detrás de él, el techo se juntó con el suelo y surgieron largos gusanos que se retorcían lentamente por los intersticios de la sutura. El ratoncillo saltó a toda prisa a través del pasillo oscuro de la entrada cuyas paredes se aproximaban temblando una y otra, y logró salir por debajo de la puerta. LLegó a la escalera y la bajó; ya en la acera, se detuvo. Titubeó un instante, se orientó y se puso en camino en dirección al cementerio.

En realidad- dijo el gato-, el asunto no me interesa demasiado.
Te equivocas- dijo el ratón-. Todavía soy joven y, hasta el último momento, he estado bien alimentado.
Pero yo también estoy bien alimentado- dijo el gato-, y no tengo ningunas ganas de suicidarme; esa es la razón por la que todo esto me parece anormal.
-Es que tú no le has visto- dijo el ratón.
-¿Qué hace?- preguntó el gato.
-No tenía demasiadas ganas de saberlo. Hacía calor y todos sus pelos estaban bien esponjosos.
-Se queda en la orilla del agua- dijo el ratón-, espera y, cuando es la hora, echa a andar por la plancha y se para en el medio. Ve algo.
No puede ver gran cosa- dijo el gato-. Un nenúfar, tal vez.
-Sí- dijo el ratón-, espera a que suba para matarlo.
-Eso es una idiotez- dijo el gato-. No tiene ningún interés.
-Cuando ha pasado la hora- continuó el ratón- vuelve a la orilla y mira la foto.
-¿No come nunca?- preguntó el gato.
-No- respondió el ratón-. Se está quedando muy débil y yo no puedo soportarlo. Un día cualquiera, va a dar un traspiés en esa plancha grande...
-¿Y a ti qué te importa?- preguntó el gato-. ¿Qué pasa?, ¿es desgraciado?.
-No es desgraciado- dijo el ratón-, sino que tiene una pena muy grande. Y eso es lo que no puedo soportar. Además, se va a caer al agua, se asoma demasiado.
-Bueno- dijo el gato-, siendo así, estoy dispuesto a hacerte ese favor, aunque no sé por qué digo <> cuando no comprendo nada en absoluto.
-Eres muy bueno- dijo el ratón.
-Mete la cabeza en mi boca- dijo el gato- y espera.
-¿Habré de esperar mucho?- preguntó el ratón.
-El tiempo que tarde alguien en pisarme la cola- dijo el gato-; me hace falta un reflejo rápido. Pero ya la dejaré extendida, no tengas miedo.
El ratón separó las mandíbulas del gato y metió del todo la cabeza entre los agudos dientes. La retiró casi inmediatamente.
-Dime, ¿has comido tiburón esta mañana?- dijo el ratón.
-Escucha- dijo el gato-, si no te gusta esto, te puedes largar. A mi, este asunto me carga. Te las tendrás que arreglar tú solo.
Parecía enojado.
-No te enfades- dijo el ratón.
Cerró sus ojillos negros y volvió a colocar la cabeza. El gato dejó caer con precaución sus aninos acerados sobre el cuello suave y gris. Los bigotes negros del ratón se confundían con los suyos. Desenroscó su espeso rabo y lo dejó arrastrar por la acera.
LLegaban, cantando, once niñas ciegas del orfelinato de Julio el Apostólico. Memphis, 8 de marzo de 1946. Davenport, 10 de marzo de 1946.
(La espuma de los días, L'écume des jours,
Boris Vian , Traducción de Luis Sastre Cid, Alianza Editorial, 2003)
Imágen de
Sonia Villegas .

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