Muerte de Ivan Illich.
5 mar 06
(Retrato de Leon Tolstoi pintado por Nikola Gogol)
"Yo no podía ya ni siquiera sentir el deseo de conocer la verdad, porque la adivinaba. Y la verdad era ésta: la vida no tiene sentido. He vivido, he llegado hasta el borde del abismo y de pronto me he dado cuenta de que , al otro lado sólo está la destrucción..."
Muerte de Ivan Illich, de León Tolstoi.
Algunos de sus cuentos.
sin comentarios
Tengo que confesarte una cosa...
22 dic 05
Tengo que confesarte una cosa... después de haberte llamado me arrepentí de haberte llamado. No sé bien por qué, tal vez porque no creo en la escritura, la escritura lo falsea todo, vosotros los escritores sois unos falsarios. O tal vez porque la vida uno debe llevársela a la tumba. Me refiero a la vida verdadera, la que se vive dentro. Para dejársela a los demás, basta con la vida que se vive por fuera, es ya tan evidente, tan impositiva. Y, en cambio, tengo ganas de escribir, es decir... de hablar... escribir por persona interpuesta, quien escribe eres tú, sin embargo soy yo. Extraño, ¿verdad?
Tristano Muere. Antonio Tabucchi.
Entrevista con Tabucchi
Imágen El arbol de la vida de Gustav Klimt
Si no, ¿por qué iban a tener nombre las cosas?.
20 oct 05
...
Y se encontró tranquilamente sentada debajo de un árbol... mientras el Mosquito (porque eso era el insecto con el que había estado hablando) se balanceaba en una ramita justo encima de su cabeza y la abanicaba con sus alas.
Era desde luego un Mosquito grandísimo, "del tamaño de un pollo", pensó Alicia. Sin embargo, después de la larguísima conversación que habían mantenido, no tenía motivos para sentir la menor preocupación.
"...¿O sea que no te gustan todos los insectos?- continuó el Mosquito, tan tranquilo como si no hubiera pasado nada.
-Me gustan cuando pueden hablar- dijo Alicia-. Pero en el sitio de donde yo vengo, no habla ninguno.
-¿Y qué clase de insectos te gustan del sitio de donde tú vienes?- preguntó el Mosquito.
-No me gustan para nada los insectos- le explicó Alicia-, porque me dan un poco de miedo... por lo menos los grandes. Pero puedo decirte los nombres de algunos.
-¿Es que contestan a sus nombres?- observó el Mosquito con indiferencia.
-Nunca he oído decir que lo hagan.
-Entonces ¿de qué les sirve tener nombres- dijo el Mosquito- si no responden a ellos?.
-A ellos no les sirve de nada- dijo Alicia-; pero supongo que sí sirve a la gente que les pone esos nombres. Si no, ¿por qué iban a tener nombre las cosas?.
-No puedo saberlo- replicó el Mosquito-. En aquel bosque de allí abajo, no lo tienen..., bueno, sigue con tu lista de insectos, que estás perdiendo el tiempo.
-De acuerdo, hay uno que es el Tábano- empezó a decir Alicia, contando los nombres con los dedos.
-Bueno- dijo el Mosquito-. Si miras atentamente, en medio de ese arbusto de ahí podrás ver un Caballito-balancín. Está hecho de madera y se desplaza balanceándose de rama en rama.
-¿De qué se alimentan?- preguntó Alicia, llena de curiosidad.
-De savia y de serrín- dijo el Mosquito-. Sigue con la lista."
Alicia examinó el Caballito-balancín muy interesada, y quedó convencida de que acababan de repintarlo por su aspecto brillante y pegajoso; luego continuó:
"También está el Caballito del Diablo".
-Mira en la rama que tienes encima de tu cabeza- dijo el Mosquito-, y encontrarás un Boca de Dragón. Tiene el cuerpo hecho de budín de ciruelas, las alas de hojas de acebo y su cabeza es una pasa flambeada con coñac.
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Tras esto, Alicia permaneció callada un minuto o dos, cavilando. Mientras, el Mosquito se entretenía dando vueltas y zumbando alrededor de su cabeza, para terminar posándose de nuevo y decir: "Supongo que tú no querrás perder tu nombre, ¿verdad?.
-No, claro que no- dijo Alicia algo preocupada.
-De todas formas, no sé- prosiguió el Mosquito sin darle demasiada importancia-; suponte lo cómodo que sería si pudieses volver a casa sin él. Por ejemplo, si tu institutriz tuviera que llamarte para que dieras la lección, te diría: "Ven aquí...", y luego se quedaría cortada porque no tendría ningún nombre que añadir; y entonces no tendrías que ir a dar la lección, ¿no te parece?.
Al otro lado del espejo. Lewis Carrol
Originales de Alicia en el País de las Maravillas.
Imágen de Alicia: Photographie de Lewis Carroll:
"Alice Pleasance Liddell en jeune mendiante, vers 1859".
© Collection de Morris L. Parrish, Princeton University Library.
Flor de Mayo.
5 oct 05
Allás lejos, en un espacio libre de barcas, rodeada de negro y bullidor enjambre humano, alzábase sobre la arena la gallarda Flor de Mayo. El sol doraba sus francos; sobre el espacio azul destacábase el mástil esbelto y graciosamente inclinado...
Flor de Mayo. Vicente Blasco Ibañez
Imágen Pescadoras Valencianas, 1915. Sorolla.
(La segunda de las novelas regionales, publicada en 1885, se centra en la pintura del dramático mundo de los pescadores del litoral valenciano)
LXXXVIII. Higiene. Proyectos.
27 sep 05
Cuanto más se quiere, mejor se quiere.
Cuanto más se trabaja, mejor se trabaja y se quiere trabajar más.
Cuanto más se produce, se vuelve uno más fecundo.
Después de una orgía, siempre nos sentimos más solos, más abandonados.
Tanto en la moral como en lo físico, he tenido de continuo la sensación del abismo, no solamente del abismo del sueño, sino del abismo de la acción, del ensueño, del recuerdo, del deseo, de la pena, del remordimiento, de lo hermoso del número, etc.
He cultivado mi histeria con alegría y terror. Ahora, siempre tengo vértigo, y hoy, 23 de enero de 1862, he sufrido una clara advertencia: la de sentir pasar sobre mí el viento del ala de la imbecilidad.
Mi corazón al desnudo. (Charles Baudelaire).
OTRAS PERSONAS RELACIONADAS CON ÉL:

Retrato de Baudelaire pintado por Courbet
La casa de las bellas durmientes.
12 sep 05![]()
Ocho días después de su segunda visita, Eguchi volvió de nuevo a la casa de las bellas durmientes. Habían pasado dos semanas entre las dos primeras visitas, por lo que el intervalo se había reducido a la mitad.
¿Estaría cediendo gradualmente al hechizo de las muchachas narcotizadas?.
-La de esta noche aún se está entrenando- dijo la mujer de la casa mientras preparaba el té-. Tal vez le decepcione, pero le ruego que sea comprensivo con ella.
-¿Una diferente otra vez?.
-Me ha llamado usted poco antes de venir, y he tenido que recurrir a lo que tenía. Si desea a una muchacha en especial, le ruego me avise con dos o tres días de antelación.
-Comprendo. ¿A qué se refiere al decir que aún se está entrenando?
-Es nueva, y pequeña-. Eguchi tuvo un sobresalto-. Estaba asustada y me pidió que le dejara a alguien para acompañarla. Pero no me gustaría molestarle a usted.
-¿Dos muchachas? No estaría mal. Pero si duerme tan profundamente como si estuviera muerta, ¿cómo puede saber si está asustada o no?.
-Eso es cierto. Pero sea cauto con ella. No está acostumbrada a esto.
-No haré absolutamente nada.
-Lo comprendo muy bien.
"¿Entrenándose?", murmuró para sus adentros. En el mundo había cosas extrañas. Como de costumbre, la mujer entreabrió la puerta y miró hacia dentro.
-Está dormida. Cuando usted quiera -dijo, saliendo.
La casa de las bellas durmientes. Yasunari Kawabata
Imagen de Yukoart
El conde de Montecristo.
2 sep 05No quería dejar de ver ninguna cosa de las que le esperaban.
Con acercar la luz al hoyo, pudo convencerse de que no se había equivocado. Sus golpes dieron alternativamente en hierro y madera. Ahondó enseguida por los lados unos tres pies de ancho y dos de largo, y al fin logró distinguir claramente un arca de madera de encina, guarnecida de hierro cincelado. En medio de la tapa, en una lámina de plata que la tierra no había podido oxidar, brillaban las armas de la familia Spada, es decir, una espada en posición vertical en un escudo redondo como todos los de Italia, coronado por un capelo.
Dantès lo reconoció muy fácilmente. ¡Tanta era la minuciosidad con que se lo había descrito el abate Faria!.
No cabía la menor duda, el tesoro estaba allí seguramente. No se hubieran tomado tantas precauciones para nada.
En un momento arrancó la tierra de uno y otro lado, lo que le permitió ver aparecer primero la cerradura de en medio, situada entre dos candados y las asas de los lados, todo primorosamente cincelado.
Cogió Dantès el arcón por las asas, y trató de levantarlo, más era imposible. Luego pensó abrirlo, pero la cerradura y los candados estaban cerrados de tal manera que no parecía sino que guardianes fidelísimos se negaran a entregar su tesoro.
Introdujo la punta de la azada en las rendijas de la tapa, y apoyándose en el mango la hizo saltar con gran chirrido. Rompióse también la madera de los lados, con lo que fueron inútiles las cerraduras, que también saltaron a su vez, aunque no sin que los goznes se resistieran a desclavarse.
El arca se abrió. Estaba dividida en tres compartimentos.
El conde de Montecristo. (Alexandre Dumas)
Las ciudades y los signos. 3.
27 ago 05
El hombre que viaja y no conoce todavía la ciudad que le espera al cabo del camino, se pregunta cómo será el palacio real, el cuartel, el molino, el teatro, el bazar. En cada ciudad del imperio cada edificio es diferente y está dispuesto en un orden distinto: pero apenas el forastero llega a la ciudad desconocida y pone la vista en aquel conglomerado de pagodas y buhardillas y henares, siguiendo el entrelazarse de canales huertos vertederos, distingue de inmediato cúales son los palacios de los príncipes, cuáles los templos de los grandes sacerdotes, la posada, la cárcel, los bajos fondos. Así -dice alguien- se confirma la hipótesis de que cada hombre lleva en su mente una ciudad hecha sólo de diferencias, una ciudad sin figuras y sin forma, y las ciudades particulares la rellenan.
En Zoe no es así. En cada lugar de esta ciudad se podría sucesivamente dormir, fabricar herramientas, cocinar, acumular monedas de oro, desvestirse, reinar, vender, consultar los oráculos. Cualquier tejado piramidal podría cubrir tanto el lazareto de los leprosos como las termas de las odaliscas. El viajero da vueltas y vueltas y sólo tiene dudas: como no consigue distinguir los puntos de la ciudad, se le mezclan incluso los puntos que en su mente son distintos. De esto deduce lo siguiente: si la existencia en todos sus momentos es enteramente ella misma, la ciudad de Zoe es el lugar de la existencia invisible. ¿Pero entonces, por qué la ciudad?. ¿Qué linea separa el dentro del fuera, el estruendo de las ruedas del aullido de los lobos?.
Las ciudades invisibles (Italo Calvino)