27 sep 05

Salomé: (Arrodillándose) Quiero que me traigan inmediatamente en una bandeja de plata...
Herodes: (Riendo) ¿En una bandeja de plata? Desde luego, no faltaría más, en una bandeja de plata. ¿Verdad que es encantadora? Querida, hermosa Salomé, la más bella entre las hijas de Judea, ¿qué queréis que os traigan en una bandeja de plata? ¿Qué queréis que os traigan en una bandeja de plata? Decídmelo. Sea lo que fuere, os será otorgado. Mis tesoros os pertenecen. ¿Qué queréis que os traigan, Salomé?
Salomé: (Poniendose en pie) La cabeza de Iokanaán.
Herodías: Bien dicho, hija mía.
Herodes: No, no.
Herodías: Bien dicho, hija mía.
Herodes: No, no Salomé. No me pidáis esto. No prestéis oídos a vuestra madre. Siempre os aconseja mal. No debéis escucharla.
Salomé: No escucho a mi madre. Es mi propio placer quien me aconseja pediros la cabeza de Iokanaán en una bandeja de plata. Lo habéis jurado, Herodes. No olvidéis que lo habéis jurado.
Herodes: Lo sé. Lo he jurado por mis dioses. Lo sé de sobra. Pero os suplico, Salomé, que me pidáis otra cosa. Pedidme la mitad de mi reino y os lo daré. Pero no me pidáis lo que acabáis de pedirme.
Salomé: Os pido la cabeza de Iokanaán.
Salomé. Oscar Wilde. (Traducción de Pere Gimferrer. Galaxia Gutenberg y Circulo de Lectores.) Imágen de Lucien Levy-Dhurmer (1865-1953) para ver más imagénes de este pintor
24 jul 05
BENVOLIO
No, primo, más bien lloro.
ROMEO
¿Por qué, buen corazón?
BENVOLIO
Por tu buen corazón atormentado.
ROMEO
Así el amor quebranta nuestras vidas.
Siento el pecho pesado con mis penas.
¿Tú quieres aumentarlas con las tuyas?
Mi dolor es tan grande que tu afecto
me hace daño. El amor es una nube
hecha por el vapor de los suspiros.
Si se evapora brilla como el fuego
en los ojos que aman, si se ataca
hacen un mar de lágrimas de amor.
¿Qué más es el amor? Una locura
benigna, una amargura sofocante,
una dulzura que te da consuelo.
¡Adiós, mi primo! (Yéndose).
BENVOLIO
¡Despacio! ¡Voy contigo!
¡Me ofendes si te vas de esta manera!
ROMEO
¡Chit! Me he perdido, yo no estoy aquí:
No soy Romeo. Él anda en otra parte.
BENVOLIO
Dime con seriedad, ¿quién es la que amas?
ROMEO
¡Vaya! ¿Voy a llorar para decírtelo?
BENVOLIO
¡Dime con seriedad, quién es! ¡No llores!
ROMEO
¿Con seriedad se pide aun hombre enfermo
que haga su testamento?
No son consejos para el que agoniza.
En serio, primo, estoy enamorado.
BENVOLIO
¿Anduve cerca cuando lo supuse?
ROMEO
¡Gran puntería! ¡Y es bella la que amo!
BENVOLIO
¡Primo, es más fácil dar un lindo blanco!
ROMEO
Bueno, pero errarás, porque no alcanzan
hasta ellas las flechas de Cupido.
BENVOLIO
Hazme caso: ¡no pienses más en ella!
ROMEO
¡Ay, enséñame tú cómo se olvida!
BENVOLIO
¡Deja libres tus ojos que contemplan otras mujeres!
ROMEO
¡Sería la manera
de hallar más exquisita su hermosura!
Aquellas máscaras afortunadas,
que un rostro ocultan bajo el color negro,
¿no nos hacen pensar que lo que esconden
bajo la oscuridad es la blancura?
No olvidarán los que se quedan ciegos
el tesoro perdido de sus ojos:
muéstrame la más bella entre las bellas,
¿de qué me serviría su belleza
si no para leer como en un libro
que hay otra más hermosa que la hermosa?
¡Adiós! No sabes enseñar olvido.
BENVOLIO
Viviré o moriré por enseñártelo.
(Romeo y Julieta. W. Shakespeare)