Virginia Woolf (1882-1941) y Leonard Woolf (1880-1969) formaron un matrimonio peculiar pero muy bien avenido. Leonard describió así su encuentro con Vanessa y Virginia cuando ambas tenían veintiuno y dieciocho años respectivamente: <>. Para él la experiencia fue como encontrarse de repente <>. Cuando en 1911 se reencontraron, Leonard, quien no había dejado de escribirle desde Ceilán, escribió: <>.
Se casaron en 1912, después de que ella se sincerara y le dijera que no sentía ninguna atracción fisica por él. Permanecieron juntos hasta el suicidio de ella.
Según Quentin Bell, biógrafo y sobrino de Virginia, cuando ella aceptó casarse con Leonard tomó la decisión más inteligente de su vida. Leonard siempre estuvo a su lado, la cuidó y la apoyó y, posiblemente, la obra de la autora de Las Olas y La señora Dalloway no hubiera sido la misma sin él. Virginia sufrió grandes depresiones, la primera de ellas al morir su madre cuando ella tenía trece años.

Un circulo alegre.

Al morir su padre, en 1904, Virginia formó, junto con sus hermanos, un circulo literario en su nueva casa de Bloomsbury. Organizaban reuniones sociales los jueves por la tarde a las que acudían un grupo de jóvenes que tenían afinidades entre sí tanto culturales como vitales y que hablaban y bromeaban sobre todo tipo de temas. Entre los más asiduos estaban Duncan Grant, Lytton Strachey, Roger Fry, Gerald Brennan, Bertrand Russell, Maynard Keynes y también el crítico de arte Clive Bell, quien se casó con la hermana mayor de Virginia, Vanessa, en 1907.
Bloomsbury fue famoso por el talento de sus tertulianos, pero también por sus relaciones amorosas que se cruzaban y entrecruzaban. Virginia amó a Madge Vaughn (quien le inspiró el personaje de la señora Dalloway), Violet Dickinson y Vita Sackville West, a quien dedicó Orlando, definida por el hijo de Vita, Nigel Nicolson como <>. Además, Virginia tuvo una aventura con Clive, el esposo de su hermana, Vanessa, quien a su vez se enamoró del pintor Roger Fry, con quien inició una provechosa colaboración artística y amorosa, y, posteriormente, Vannesa tuvo un lance con Duncan Grant, con quien tuvo una hija, Angélica.
Ambas mujeres estuvieron en el epicentro de muchos tríos. Bloomsbury liberó el sexo de toda culpa y vergüenza y también liberó el arte.
Virginia y Leonard impulsaron la obra de sus amigos y descubrieron nuevos talentos a través de la editorial Hogarth Press, creada en 1917: Katherine Mansfield, E.M. Forster, T.S.Eliot, John Maynard Keynes, Gertrude Stein, H. G. Wells...

Una mujer atormentada.

Virginia estaba traumatizada por los abusos sexuales de su hermanastro en la infancia y se sentía naturalmente inclinada por las mujeres mayores que ella. Antes de aceptar a Leonard, había rechazado a numerosos pretendientes. Sobre ella, además influyó la prematura muerte de su madre.
Virginia escribió: <>. Pero las crisis sucedían y cada una era peor que la anterior.
Finalmente, ella, asustada por las noticias de la guerra y temiendo no poder escapar de la locura esa vez, se arrojó en 1941 al rio Ouse y se ahogó. Su marido, que siempre había vigilado su estado mental, no pudo salvarla.
En su autobiografía, Leonard evocó su muerte con un emocionante pasaje: <
>.

(99 historias de amor, Alicia Misrahi, Debolsillo, 1ª edición de 2005)