Otro niño.
18 sep 05-Me gustaría tener otro niño -dijo mi mujer, acurrucada junto a mí en la cama, sonriendo.
Con los dedos entrelazados detrás de la cabeza, tumbado en la cama mirando al techo, medité durante unos minutos en lo que me había sugerido. Otro niño. Otra responsabilidad. Quizá no estábamos preparados todavía.
-No sé si podemos permitírnoslo, cariño -respondí, acariciando su pelo blanco-. ¿No es algo precipitado?
Ella frunció el ceño, moviendo de aquella manera tan graciosa la verruga de su nariz.
-Yo creo que otro niño es justo lo que necesitamos -dijo.
-Pero, ¿podemos hacernos cargo de él? ¿Tenemos espacio en esta casa? -dije yo, sin saber cómo defenderme.
Ella ya había tomado su decisión, y aunque yo me comportara como un ogro, no lograría conseguir que cambiara de opinión.
-¡Desde luego! -dijo, y levantándose de la cama añadió-. ¡Y voy a por uno ahora mismo!
Se vistió apresuradamente, se montó en su escoba, y salió a la noche por la ventana con una de sus encantadoras carcajadas.
Yo me levanté y fui a la despensa. Tras las rejas, cuatro niños me miraron con el pánico grabado en sus ojos.
Apenas habían probado los pasteles, y si no se alimentaban mejor, la carne no estaría en su punto cuando los cocináramos.
-¡Tenéis que comer más! -grité, y los niños gritaron y lloraron y se refugiaron junto a la pared.
Estaban aterrados.
Como siempre.
Esa es la reacción que provocamos los ogros en los niños.
(Merece la pena visitar este blog llamado Efimero en el que su autor, Santiago Eximeno, crea historias muy cortitas que después puedes acabar tu mismo o simplemente dejar un comentario al respecto. Por esta razón recomiendo no solo leer su cuento sino también los comentarios que se hacen sobre él.)