--Todo lo que quiero es que no te vayas--
8 oct 05
Después de tanto tiempo, a la salida del alba y con los primeros rayos de sol entrando en la habitación a través de los pequeños agujeros de la persiana, descubrí que no lo amaba.
Despúes de nuestro encuentro, aquella tarde, en su mirada volví a descubrir vestigios de tristeza, tristeza recalcitrante de años atrás. Tristeza que me hizo sentir aún peor. Estaba allí sentado en el banco de siempre, mirando al infinito, solo dijo hola cuando me vió. Me senté a su lado y no hablamos, era demasiado grande la tristeza que tenía dentro, la que sentíamos los dos.
Ahora yacía a mi lado, la respiración entrecortada y tumbado boca abajo, era él. Ese desconocido que durante tantos meses había compartido conmigo tristezas y alegrias, así como buenos y malos momentos. Y ahora lo veía claro, necesitaba mi espacio, necesitaba pensar por mi misma y sobre todo en mi. Tumbada a su lado, observando como dormía, sentía que las palabras fluían pero no salían de mi boca, sentía que no quería escucharlas y por eso no terminaban de fluir y eso me molestaba, me molestaba muchísimo, que no pudiera hacerlo. El estar atada, atada a esa tristeza continua que siempre llevaba dentro, como si fuese la mismísima ropa que se pone uno todos los días al levantarse, me estaba quemando, matando lentamente a mi también.
Rocé por última vez su espalda con la yema de mis dedos, por un segundo ví al niño asustado que lleva dentro, pero yo no sentí nada, solo la necesidad de decirle adíos y volví a tocarle y con mis manos y mis dedos, volví a sentirle, ahora era tarde, debía despedirme, debía decirle adios.
Sin más me fuí, y hoy después de dos semanas, sin saberlo he rozado tu alma, era fria, de un color indescriptible. Sé que era tu alma, la he conocido por el halo de tristeza que la rodeaba. Ahora sé que te ha abandonado, ahora se que ya no estás. Ahora sé que has cumplido lo que siempre has querido hacer, lo que siempre he intuido, lo que nunca me dijíste, lo que no supiste afrontar. Hoy te he perdido y sé que no te voy a volver a ver más.
Y hoy no paro de pensarlo, quizás las palabras fluyeron de mi boca aún sin pronunciarlas y tu te fuíste para no volver, y mentiría, mentiría si dijése que me da igual, pues no es así, mentiría si dijése que no te ame y que te voy a olvidar.
Debería de acabar con todo esto, salir corriendo pero mis pies están pegados al suelo, articularlos es imposible y una y otra vez vuelvo. Vuelvo siempre al mismo punto de partida, aún sabiendo que no debería hacerlo. Intento cambiar el camino, el rumbo hacia esa dirección, pero nunca lo consigo. Tu rostro, tu cuerpo y tu respiración son la última imagen que tuve de ti, la que retienen mis pupilas, la que me viene a la cabeza una y otra vez golpeando, golpeandome enmedio mismo del corazón. Por eso tomo una y otra, otra y una más de otro color, y así hasta quince van rozando mi garganta con apenas un poco de agua.
Hoy ha brillado el sol, era un sol radiante, me acuerdo, pero ahora, con el crepitar de las gotas de lluvia en la ventana y sin más ruido que mi respiración entrecortada, me duermo y el silencio cae sobre la noche y los sueños y la muerte sobre mi alma.
Ladymacbeth. 25 de Marzo de 2005. Imágen Álvaro Zurieta